Así, la discapacidad se ha convertido en un factor excluyente en materia
de educación. Niños con algún tipo de trastorno de atención, por
ejemplo, han sido catalogados como alumnos perturbadores, y sus padres
han debido buscar una alternativa que les brinde educación.
Imagen de Francisca Mena , 5º "A" , Liceo San José , La Calera ¿Qué hacer?
Desde
la escuela, analicemos la forma en que ésta interactúa con lo que
nuestros hijos aportan. Propiciemos, junto con los profesores en las
aulas, una educación menos selectiva; que apueste a resaltar las
competencias propias de cada niño y que rechace la segregación y el
aislamiento de niños con discapacidades.
Desde los hogares, contribuyamos a crear un clima de respeto hacia
las diferencias, de solidaridad y convivencia. Las discusiones abiertas,
en cada casa, acerca del prejuicio, los estereotipos y la exclusión
tienen el potencial de arribar, entre toda la familia, a conclusiones
tales como:
-no juzguemos a la gente por su apariencia,busquemos rasgos en común.
Asimismo,
debemos propiciar en nuestros hijos la conciencia de sus derechos. Cada
niño debe conocer su derecho a ser incluido, valorado y respetado por
quién es, en un mundo cada vez más diverso y plural.