domingo, 21 de octubre de 2012

Así, la discapacidad se ha convertido en un factor excluyente en materia de educación. Niños con algún tipo de trastorno de atención, por ejemplo, han sido catalogados como alumnos perturbadores, y sus padres han debido buscar una alternativa que les brinde educación.
Imagen de Francisca Mena , 5º "A" , Liceo San José , La Calera ¿Qué hacer?
Desde la escuela, analicemos la forma en que ésta interactúa con lo que nuestros hijos aportan. Propiciemos, junto con los profesores en las aulas, una educación menos selectiva; que apueste a resaltar las competencias propias de cada niño y que rechace la segregación y el aislamiento de niños con discapacidades.
Desde los hogares, contribuyamos a crear un clima de respeto hacia las diferencias, de solidaridad y convivencia. Las discusiones abiertas, en cada casa, acerca del prejuicio, los estereotipos y la exclusión tienen el potencial de arribar, entre toda la familia, a conclusiones tales como:
-no juzguemos a la gente por su apariencia,busquemos rasgos en común.
Asimismo, debemos propiciar en nuestros hijos la conciencia de sus derechos. Cada niño debe conocer su derecho a ser incluido, valorado y respetado por quién es, en un mundo cada vez más diverso y plural.